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Ochenta años de Liderazgo masculino ininterrumpido en la ONU no es un accidente ni una coincidencia; es intencional

En esta entrevista, la Embajadora Maritza Chan habla sobre su búsqueda por desmantelar el sistema patriarcal dentro de la ONU.

Como parte de nuestra serie de blogs, El Arte del Liderazgo, nos reunimos este mes con la Embajadora Maritza Chan de la Misión Permanente de Costa Rica en Nueva York. Hablamos sobre el liderazgo dentro de la ONU, la lucha por la igualdad de género y el poder de las palabras.


Embajadora Chan, usted actualmente ocupa el cargo de Representante Permanente Adjunto de Costa Rica. ¿Qué le viene a la mente cuando piensa en el liderazgo dentro de la ONU?

Lo primero que me viene a la mente es que el tamaño de un país no importa. Más bien, es el poder de sus ideas, la fuerza de sus principios, según la Carta de las Naciones Unidas. Verá, represento a un país muy pequeño con  5 millones de personas, pero nuestro tamaño no afecta nuestra influencia en las Naciones Unidas. Pueda que Costa Rica no sea poderosa en términos económicos y que no tengamos un cuerpo diplomático numeroso, pero incluso la misión más pequeña puede liderar si el mensaje es claro.

Mi liderazgo lo expreso a través del poder de las palabras. Las palabras para mí tienen peso y  creo que son ¾en muchas maneras¾ mi fortaleza. Para mí es importante que mi mensaje sea inspirador, que se hable con la verdad al poder y, en ocasiones, cuando sea necesario, que devele realidades incómodas de manera poética, diplomática y respetuosa. Intento honrar la responsabilidad que se me ha otorgado utilizando mi plataforma para abordar promesas incumplidas o resaltar el importante trabajo que nos queda por hacer. Trato de hacerlo de una manera que magnifique la voz de mi país y nuestros objetivos y responsabilidades compartidos en la esfera multilateral.

Si seguimos con lo que acaba de mencionar acerca de que todos los países de la ONU tienen la influencia de su voz, quería mencionar algo que está/estaba muy cerca de su corazón: la revitalización de la Asamblea General. Parte del proceso consistió en abogar por que la próxima Secretaria General fuera una mujer. ¿Por qué cree que esto es importante?

¿Sabía usted que al final del mandato del actual Secretario General, los hombres habrán presidido las Naciones Unidas durante 80 años de manera ininterrumpida? Debemos enviar una señal firme a la comunidad internacional de que creemos en el progreso. Necesitamos enviar un mensaje de cambio de que la igualdad de género llegó para quedarse. Las mujeres son tan efectivas en el liderazgo como los hombres.  Ahora nos toca hacerlo a nosotras.

Tuve la gran suerte de ser parte del Grupo para la Rendición de Cuentas, la Coherencia y la Transparencia (o ACT, en inglés) que lideró el subgrupo temático sobre Transparencia cuando el ex Secretario General, Ban Ki-Moon, concluía su segundo mandato y estaba en marcha un nuevo proceso de selección para el nuevo Secretario General. Junto con Estonia publicamos un documento oficioso donde instamos a tener un proceso de selección más transparente, democrático e inclusivo, con algunas recomendaciones al Consejo de Seguridad sobre cómo debería ser ese proceso. Debemos empezar a “elegir” a la persona que ocupe el cargo de Secretario General, y no meramente “seleccionarla”.

Fue en 2015, en una pequeña sala de conferencias de la Misión de Croacia, cuando decidimos incluir un párrafo que invitaba a los Estados Miembros presentar candidatas para el proceso de selección del Secretario General. Pero cuando lo llevamos a la mesa de negociación en 2021, se convirtió en una lucha.

“Para algunos, nunca será el momento adecuado para ver a una mujer como el rostro de esta organización. Para algunos, no era adecuado entonces y no lo será en el futuro. Demasiado desestabilizador, demasiado polémico, demasiado progresista. Siempre habrá una excusa.”

El desafío comienza con la propia Carta de las Naciones Unidas, que establece que “él” será el principal funcionario administrativo de la organización. Este lenguaje se ve agravado por la Resolución 11 de 1946, que establece que el Secretario General debe ser un “hombre de gran eminencia”. Un hombre. No una persona. Un hombre. Incluso en Costa Rica,

El Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica de 1821 habla de “personas” y no habla de “hombres”. Está incrustado en el ADN de Costa Rica ser inclusivo y brindar oportunidades de liderazgo para todas las personas. Creo que este principio de inclusión me da una ventaja en el proceso de revitalización de la Asamblea General. Durante las negociaciones de 2021, hablé en nombre de Costa Rica y eso me dio una plataforma para predicar con el ejemplo.

Retratos individuals de ocho Secretarios Generales en la oficina central de la ONU en Nueva York. Photo Credit: UN Photo

No puedo dejar de pensar en la hilera de retratos de ex Secretarios Generales en el Salón de la Asamblea General. Son solo hombres. ¿Cuál es el mensaje que les estamos dando a nuestras jóvenes y mujeres en el mundo? Les decimos que no “tienen lo que se necesita” para ser el primer diplomático o la primera diplomática del mundo. Debemos hacer lo posible para generar un cambio. Para mí, sin desacreditar el legado de estos Secretarios Generales, esa hilera de retratos representa todo lo que hemos logrado, así como lo que aún nos queda por hacer.

Ochenta años de liderazgo masculino ininterrumpido no es un accidente ni una coincidencia; es intencional. Es estructural. Por lo tanto, nuestros esfuerzos por llevar a una mujer al frente de las Naciones Unidas deben ser intencionales y estructurales también.

Entonces, ¿por qué cree que es tan difícil para algunos Estados miembros aceptar el cambio, acoger y apoyar la igualdad de género?

Necesitamos un cambio conceptual. Recuerdo que durante las negociaciones cuando se hablaba de candidatas, empezábamos a agregar adjetivos: debe ser competente, debe ser capaz, hablar varios idiomas; debe ser esto y aquello. Creo que la barra para las mujeres es siempre más alta. No sólo es más alta para el puesto de Secretario General, sino también para cualquier mujer representante en las Naciones Unidas. Debemos ser técnica y políticamente más fuertes. Infaliblemente capaces. No podemos cometer errores.

Por otra parte, el lenguaje de la paz y la seguridad está impregnado de masculinidades a pesar de que más mujeres ingresan al sector de la paz y la seguridad. Incluso recibo comentarios: “eres tan apasionada” o, a veces, “no estás lista”. Pero las mujeres estamos listas. Siempre lo hemos estado.

Entonces, desde mi punto de vista, es necesario que haya un cambio cultural y estructural. Por ejemplo, según la resolución de este año (A / 75/973), gracias a los esfuerzos de Costa Rica, cada panel organizado por el Presidente de la Asamblea General debe garantizar la paridad de género. Este es un progreso fantástico, pero nos tomó 76 años ponerlo en práctica.

“Así que, nos demos cuenta o no, seguimos viviendo en un sistema patriarcal. Romper esas estructuras y replantear el discurso no es algo que hagan todas las delegaciones porque requiere mucho trabajo intelectual. Requiere esfuerzo. Y voluntad política”.

Es importante señalar que el Sur Global ha estado a la vanguardia de estas iniciativas. ¿Ha escuchado a la Primera Ministra de Barbados, Mia Mottley, en la 75ª Asamblea General? Ella es una líder; una voz; ella es invencible. No necesita una declaración preparada. Es una persona de color de una pequeña isla que busca responsabilizar a los poderosos. Otro ejemplo es Namibia como impulsor de la Resolución 1325 de la ONU sobre Mujeres, Paz y Seguridad. La Representante Permanente Adjunta de Namibia ante la ONU recuerda el estado de ánimo en el Consejo de Seguridad cuando se introdujo el tema; aparentemente hubo un minuto de silencio, seguido de una mezcla de risa y simple asombro acompañado de burla. Hoy la resolución 1325 nos pertenece a todos los Estados miembros. Coloca a las mujeres en el centro, no como víctimas, pero como agentes de cambio empoderadas para forjar sus propios destinos y como valientes contribuyentes a la paz y el desarrollo en sociedades abatidas por el conflicto armado o que emergen de uno.

Sin embargo, siguen existiendo desafíos, ya que las mujeres son excluidas en gran medida de los procesos y negociaciones formales de paz y, posteriormente, se las deja sin consideraciones de género en los acuerdos de paz. Para hacer realidad la visión transformadora establecida en la Resolución 1325 y defendida por las mujeres líderes y agentes de cambio de todo el mundo, debemos relevar y apoyar a nuestras activistas y movimientos feministas. Por ello, recibí con satisfacción el último Informe del Secretario General sobre la Mujer, la Paz y la Seguridad, pues después de 21 años por fin reconoce que existe una correlación entre la desigualdad de género, la violencia de género y el gasto militar excesivo.

Hablando desde su propia experiencia, ¿cree que el liderazgo feminista podría ser útil en el campo del desarme?

Algunos Estados afirman “tenemos una política exterior feminista”, pero ¿qué significa exactamente? ¿Cómo lo traducen en acción? ¿Cuentan con una política nuclear feminista? ¿Están viendo el tema de las armas pequeñas y ligeras a través de un enfoque de género?

Durante  la Séptima Reunión Bienal de Estados (BMS7) sobre el Programa de Acción de las Naciones Unidas (PoA) para prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras en todos sus aspectos, Costa Rica aseguró un lenguaje progresista sobre la participación igualitaria y efectiva de las mujeres y el nexo entre las armas pequeñas y los esfuerzos de igualdad de género en el documento final. Si Costa Rica y los 63 Estados Miembros no lo hubieran hecho, el lenguaje sobre género habría desaparecido.

En la Primera Comisión de la Asamblea General de la ONU, que se ocupa de cuestiones de desarme y seguridad internacional, solo una de cada cinco intervenciones fue hecha por una mujer. En el reciente evento de alto nivel para conmemorar el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, sólo uno de cada seis oradores era una mujer. Tenía preparado un manifiesto nuclear desde el punto de vista feminista pero no pude intervenir en el debate. Dejaron simplemente a las mujeres fuera de la conversación.

 Asegurar que las voces de las mujeres sean escuchadas debe ser intencional”

Pensé que esos problemas habían sido superados. Seguimos votando en las Naciones Unidas sobre cuestiones que ya deberían formar parte de nuestro ADN colectivo. ¿Por qué seguimos luchando para incluir a mujeres y niñas en las resoluciones? ¿Por qué seguimos presionando por la paridad de género? ¿No debería ser ya un hecho consumado? ¿Y por qué nos excluyen de estas conversaciones?

El papel de la ONU como líder multilateral se pone a prueba constantemente. ¿Cómo pueden los Estados miembros, como Costa Rica, fortalecer el liderazgo de la ONU?

 Practicando lo que predicamos, liderando y demostrando coherencia en nuestras posiciones. Impulsando ese cambio intelectual del que hablé. No le damos la espalda al progreso ni nos detenemos por unos pocos. Creo que es importante preguntarse: ¿Qué nos motiva? ¿Estamos mejorando la vida de nuestros ciudadanos y estamos abriendo puertas para aquellos que históricamente han sido marginados? ¿O es la cobertura positiva en los medios, la autocomplacencia y aplausos en elegantes salas de conferencias? Tenemos suficiente activismo escénico, lo que necesitamos es gente dispuesta a hacer el trabajo.

Por ello,  seguiremos recordándole a los Estados miembros sus deberes, sus responsabilidades y sus obligaciones. Una resolución reciente sobre Myanmar es un ejemplo de ello. Se discutió la posibilidad de detener las transferencias de armas, lo cual está en línea con los artículos 6 y 7 del Tratado sobre el Comercio de Armas, ya que un mayor flujo de armas amplifica la violencia en el país. No dudamos en recordar a los Estados miembros, en particular a los que han ratificado el Tratado sobre el Comercio de Armas, que deben cumplir sus compromisos y respetar la Carta de la ONU. Pero también pusimos sobre la mesa temas de importancia: Costa Rica fue el primer país que abordó el gasto militar excesivo en tiempos de Covid-19. Ahora casi todas las delegaciones hablan del tema.

La pandemia ha dejado una huella en todos, incluidas las organizaciones internacionales. No existen muchos incentivos para el cambio. Esto impide un liderazgo audaz. Debemos revertir esta tendencia. Mi objetivo es dejar un legado en esta misión: estoy tratando de replantear todo lo que estamos haciendo a través de un enfoque de género. Quiero incorporar a las mujeres y a las niñas a todo lo que hacemos.

Los desafíos que plantea con respecto a la igualdad de género están cerca de mi corazón. Debo admitir que he trabajado durante más de 15 años en desarrollo internacional y nunca he tenido una mujer como jefa. Es bastante sorprendente. No podemos llegar a un punto de igualdad de género si no existe un camino para las mujeres. Hay tantos obstáculos.

Yo tampoco, he trabajado durante 23 años con hombres. Mi primer jefe fue el Presidente de la República de Costa Rica, con quien comencé como escritora de discursos. Después de eso, me uní al servicio exterior y cada uno de los Embajadores con los que he servido son hombres. Pero no creo que este sea un problema exclusivo del servicio diplomático costarricense. En cuanto al sistema de las Naciones Unidas, son muchos los retos pendientes con respecto a la igualdad de género, en particular en los mandos medios. Solo ahora, a mediados de mis 40, tengo la oportunidad de pronunciar mis propios discursos y reflejar mi voz. Por eso soy muy activa en las redes sociales y en otros foros: la visibilidad llegó muy tarde en mi vida. Llevo 23 años trabajando al más alto nivel internacional para mi país. Soy indiscutiblemente una multilateralista fuerte, pero muchas personas todavía no saben quién soy. Entonces, cada vez que dejo la mesa de negociaciones, me aseguro de que las personas que me rodean sepan que no estoy aquí por casualidad.

“Me gustaría que las mujeres no tuvieran que entrar en la sala de negociaciones con la carga adicional de desmantelar las ideas preconcebidas sobre su inteligencia, capacidad o fuerza. La diplomacia ya es un reto suficiente.”

Este reto adicional significa también que nos hemos esforzado, que siempre hemos investigado un poco más que nuestros homólogos; que no damos nada por sentado. En especial las mujeres del Sur Global. Estamos muy preparadas.

Debemos ser parte del cambio: he trabajado al lado de muchas mujeres jóvenes y prometedoras. Les digo que no trabajan para mí, sino que trabajan conmigo. Les doy una voz. Un camino. Tengo un mensaje para ellas: la constancia es importante. La educación es importante. La buena redacción es importante. La forma de presentar sus declaraciones importa. Háganse visibles. Publiquen. Escriban. Lean. Y alcen su voz.

 

La Embajadora Maritza Chan es diplomática de carrera costarricense con más de dos décadas de experiencia profesional. Lleva dieciséis años representando a Costa Rica en organismos multilaterales, tanto en Washington D.C. como en Nueva York. Es una experta en asuntos de paz y seguridad internacionales, y defensora de la agenda Mujer, Paz y Seguridad. La Embajadora Chan es miembro fundador del Grupo para la Rendición de Cuentas, la Coherencia y la Transparencia (ACT), del Grupo de Amigos de la Mediación y del Grupo de Amigos de la Seguridad Humana, y tiene un profundo conocimiento de los principales temas políticos como la revitalización de la Asamblea General, la reforma del Consejo de Seguridad, la Corte Penal Internacional, la cultura de paz, Nuestra Agenda Común y el ODS16. La Embajadora Chan cuenta con amplios contactos en organizaciones internacionales y regionales, así como con la sociedad civil.

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Veronika Tywuschik-Sohlström By Veronika Tywuschik-Sohlström

Veronika Tywuschik-Sohlström is a Programme Manager at the Foundation, covering the financing, form and functions of the UN development system, and UN leadership. She has led the production of a number of the Foundation’s reports, including Financing the UN Development System and The Art of UN Leadership: Framing What’s Blue. Previously, Veronika worked for several international foundations and projects including the Friedrich Ebert Foundation; the European Centre for Development Policy Management; the European Commission’s TradeCom Facility; and for PARTICIP, coordinating the European Commission’s Results Oriented Monitoring System for the Western Balkan region. In 2014, she was one of the members who set up the European Institute of Peace (EIP) in Brussels, where she worked as the Head of Operations and EIP's first Liaison Officer in New York, covering the Middle East. She has also carried out consultancy work with the UN Development Programme, the UN Multi-Partner Trust Fund Office and the Development Cooperation’s Office on Pooled Funds. Veronika holds a Masters from the University of East Anglia in International Development and Economics.

Annika Östman By Annika Östman

Annika Östman is the Head of Communications at the Foundation and leads our outreach and strategic communications work.  Prior to joining the Foundation, she worked on climate change communications at the World Bank in Washington. Her work there included media outreach at COP20, organising high-level events at WB-IMF Annual Meetings in Peru and Japan, and producing a myriad of digital content, such as a film about climate-smart agriculture in Costa Rica. Annika also worked in the Africa Region of the World Bank, both at headquarters and in Liberia. Annika has an MA in International Broadcast Journalism from City University in London and has also worked as a TV Producer. She holds a BA in International Relations from the University of St. Andrews in Scotland.

José Alvarado By José Alvarado

José Alvarado is a Programme Officer for peacebuilding and sustaining peace at the Dag Hammarskjöld Foundation where he is coordinating a series of roundtable discussions on the UN’s Sustaining Peace Resolutions. Other tasks include organising sessions at various international forums such as the Stockholm Forum on Peace and Development. Alvarado’s broader experience includes working at several research institutions and publishing on gender and peace processes, arms transfer controls as well as climate change and peace. He is a Rotary Peace Fellow with a master’s degree in Peace and Conflict Studies from Uppsala University. Before moving to Sweden, Alvarado worked for the United States government in Guatemala and on social issues in the non-governmental sector in Mexico, Central America, and Colombia.